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"Me consolé pensando que después de acabar el maratón no volvería a correr nunca más".

挑戦は続く

Amor a "segunda vista"

 Portrait Randall Wharton

Correr un maratón era uno de esos puntos en mi lista de cosas por hacer. Con los años, me puse como objetivo tacharlo antes de llegar a los 40. Me fui dejando y llegué a los 39 con 22 kilos de más y sin haber hecho apenas ejercicio. Se había convertido en un sueño lejano...

Entonces ocurrió algo. Un corredor local llamado Marcus Howlett anunció que estaba organizando el primer maratón de mi ciudad, Tralee (Irlanda), que se celebraría en nueve meses. Me inscribí. 

Mi mujer era runner. Había completado un par de maratones y decidí entrenar con ella. Nunca olvidaré la primera vez que salimos a correr. Empecé con la idea de mantener su ritmo por difícil que fuera. Mis rodillas dijeron basta a los 500 metros, me faltaba el aire y me entraron arcadas. Decidí que tenía que reorganizar mi plan de entrenamiento. 

Tuve la suerte de que Marcus organizó un grupo de entrenamiento para el maratón en el que había principiantes como yo. Me uní y empecé el plan. Empezamos andando cinco minutos más otros cinco a trote. Gradualmente, con el paso de las semanas, los tramos andando disminuyeron para dejar más tiempo al running, hasta que desaparecieron. Podía empezar a considerarme runner.  

El programa de entrenamiento fue avanzando. Era de los más lentos del grupo y solía acabar último y solo. Dolor constante y malas sensaciones en tiradas largas. Odiaba el running. Me dolían los músculos y los pies después de cada entrenamiento. No podía entender a aquellos que corrían por voluntad propia. Me mantuve ahí por mi terquedad, era el único motivo. Quería finalizar aquel maratón sin importarme el dolor que tendría que sufrir. Me consolé pensando que una vez que la acabara no volvería a correr nunca más.

 Randall Wharton

Llegó el día del maratón. Me puse en la línea de salida y arranqué. Tras unos pocos kilómetros mis compañeros de entrenamiento habían desaparecido. Estaba corriendo solo, sufriendo kilómetro tras kilómetro.

Hubo un momento en el que vi a una pareja de espectadores mirándome fijamente mientras me aproximaba. Los dos tenían sobrepeso. Cuando pasé, ella le dijo: "Mira Johnny, si él lo hace tú también puedes". Eso me hizo pensar que mi imagen era incluso peor que mi estado físico en aquel momento. 

A mitad de recorrido el sufrimiento se hizo casi insostenible. Solo dos cosas me motivaban a continuar. El primero era que mis hijos me estaban esperando en la línea de meta y el segundo era que una vez que acabara tiraría las zapatillas y no volvería a sufrir así nunca más.

Finalmente, tras algo más de seis horas, logré cruzar la línea de meta. ¡Se acabó el running! Perdón... miento. Esa noche me inscribí en mi segundo maratón. 

Meses después lo completé, una hora más rápido. Me apunté a un ultra, luego a otro. Y seguí con más maratones. Dos años y medio después he completado 11 maratones, 4 ultras, triatlones, medios maratones, 10 y 5K y cualquier otra carrera que se presentara. 

Durante este trayecto me fui enamorando del running. Me gusta todo. He pasado muchos buenos y malos momentos que me han enseñado muchas cosas, como mantener la fuerza y determinación que nunca tuve. He hecho nuevos y excelentes amigos y he vivido experiencias que me han cambiado la vida. 

He completado un maratón con una cadera dislocada. He corrido mis 5 kilómetros más rápidos en los últimos 5K de una carrera de 100 kilómetros. He batido mi récord en los 100K por un segundo de reloj. He luchado contra el calor, enfermo, para finalizar un ultra.

He disfrutado cada segundo porque he aprendido a "Never Stop Pushing", a no rendirme ni aceptar la derrota. Es lo que me ha enseñado el running. Pero aún tengo mucho que aprender. Pronto haré mi primer doble maratón. ¡Hay muchos recorridos por hacer y los quiero completar todos!

 Randall Wharton

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